Semana Santa
Renacer en San Miguel: La nueva era de la Resurrección sacude el Domingo de Gloria
El estreno de la imponente talla de Ortega Bru y el cambio en el hábito nazareno marcan una jornada histórica para la cofradía blanca
Hay domingos que no solo cierran una semana, sino que abren un capítulo inédito en el libro de una ciudad. El de hoy ha sido, sin ambages, el Domingo de Resurrección más rupturista que se recuerda en décadas. A las diez y media de la mañana, las puertas de la Iglesia de San Miguel se abrían para mostrar al mundo no solo el final de la Pasión, sino el ambicioso giro de timón de una hermandad que, tras 26 años de trayectoria, ha decidido reinventar su propia identidad en busca de un nuevo horizonte.
La gran expectación de la mañana recaía sobre la nueva fisonomía del Señor Resucitado. La corporación ha apostado por una imponente obra basada en un proyecto inacabado del genio Luis Ortega Bru, una talla que destaca por una fuerza expresiva y una envergadura que roza los dos metros de altura. Sobre el paso de misterio de las Tres Caídas —cedido para la ocasión en un gesto de fraternidad tras su salida desde el mismo templo el Miércoles Santo—, la imagen parecía elevarse hacia el cielo, realzada por un exorno de flores blancas que subrayaba la majestuosidad del triunfo sobre la muerte.
Liturgia frente a penitencia: el adiós al antifaz
El cambio estético no se detuvo en la iconografía. La cofradía ha ejecutado una valiente reforma en su cuerpo de nazarenos, eliminando el antifaz de su túnica y capa tradicionales. La decisión responde a un criterio estrictamente teológico: el Domingo de Resurrección es gloria pura, y el antifaz, como símbolo penitencial, carecía de sentido en una jornada de júbilo. Ver a los hermanos a cara descubierta ha devuelto a la procesión un aire de claridad y cercanía que ha sido muy comentado entre el público que abarrotaba el entorno de la calle Pozuelo.
No faltaron, sin embargo, los imprevistos propios de un estreno de tal calibre. Al poco de iniciar su caminar, el nimbo que orlaba la cabeza del Señor tuvo que ser retirado antes de adentrarse en la calle Conde de Bayona, un pequeño contratiempo técnico que no restó ni un ápice de brillantez al despliegue de la cofradía.
Un itinerario de honores y sones clásicos
La música, elemento indispensable de esta victoria, corrió a cargo de la Agrupación Musical San Juan, que rompió el silencio de San Miguel con los sones de "En vos confío". El transcurrir por la Plaza de la Asunción fue otro de los puntos álgidos; allí, entre el repique de campanas de la parroquia de San Dionisio y la presencia institucional de la alcaldesa, María José García-Pelayo, la hermandad recibió el calor de una ciudad que parece haber bendecido este cambio de rumbo.
El acompañamiento del obispo de la diócesis, incorporado al cortejo tras la Vigilia Pascual, terminó de dar empaque a una procesión que ha demostrado que, a veces, para avanzar es necesario volver a las raíces del arte y la liturgia. Jerez cierra así su Semana Santa con la mirada puesta en ese nuevo Resucitado de San Miguel, una apuesta valiente que hoy ha empezado a escribir su propio futuro bajo el sol de abril.

Hay domingos que no solo cierran una semana, sino que abren un capítulo inédito en el libro de una ciudad. El de hoy ha sido, sin ambages, el Domingo de Resurrección más rupturista que se recuerda en décadas. A las diez y media de la mañana, las puertas de la Iglesia de San Miguel se abrían para mostrar al mundo no solo el final de la Pasión, sino el ambicioso giro de timón de una hermandad que, tras 26 años de trayectoria, ha decidido reinventar su propia identidad en busca de un nuevo horizonte.
La gran expectación de la mañana recaía sobre la nueva fisonomía del Señor Resucitado. La corporación ha apostado por una imponente obra basada en un proyecto inacabado del genio Luis Ortega Bru, una talla que destaca por una fuerza expresiva y una envergadura que roza los dos metros de altura. Sobre el paso de misterio de las Tres Caídas —cedido para la ocasión en un gesto de fraternidad tras su salida desde el mismo templo el Miércoles Santo—, la imagen parecía elevarse hacia el cielo, realzada por un exorno de flores blancas que subrayaba la majestuosidad del triunfo sobre la muerte.
Liturgia frente a penitencia: el adiós al antifaz
El cambio estético no se detuvo en la iconografía. La cofradía ha ejecutado una valiente reforma en su cuerpo de nazarenos, eliminando el antifaz de su túnica y capa tradicionales. La decisión responde a un criterio estrictamente teológico: el Domingo de Resurrección es gloria pura, y el antifaz, como símbolo penitencial, carecía de sentido en una jornada de júbilo. Ver a los hermanos a cara descubierta ha devuelto a la procesión un aire de claridad y cercanía que ha sido muy comentado entre el público que abarrotaba el entorno de la calle Pozuelo.
No faltaron, sin embargo, los imprevistos propios de un estreno de tal calibre. Al poco de iniciar su caminar, el nimbo que orlaba la cabeza del Señor tuvo que ser retirado antes de adentrarse en la calle Conde de Bayona, un pequeño contratiempo técnico que no restó ni un ápice de brillantez al despliegue de la cofradía.
Un itinerario de honores y sones clásicos
La música, elemento indispensable de esta victoria, corrió a cargo de la Agrupación Musical San Juan, que rompió el silencio de San Miguel con los sones de "En vos confío". El transcurrir por la Plaza de la Asunción fue otro de los puntos álgidos; allí, entre el repique de campanas de la parroquia de San Dionisio y la presencia institucional de la alcaldesa, María José García-Pelayo, la hermandad recibió el calor de una ciudad que parece haber bendecido este cambio de rumbo.
El acompañamiento del obispo de la diócesis, incorporado al cortejo tras la Vigilia Pascual, terminó de dar empaque a una procesión que ha demostrado que, a veces, para avanzar es necesario volver a las raíces del arte y la liturgia. Jerez cierra así su Semana Santa con la mirada puesta en ese nuevo Resucitado de San Miguel, una apuesta valiente que hoy ha empezado a escribir su propio futuro bajo el sol de abril.



















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