Semana Santa
Jerez se abraza a su "Noche de Jesús": una Madrugada de devoción infinita entre el silencio y la saeta
Las seis cofradías completan una jornada marcada por la masiva afluencia de público y el emocionante reencuentro de la Esperanza de la Yedra con su barrio al alba
Jerez no duerme cuando llega su Noche de Jesús. No es solo una cuestión de fe; es un rito de paso que la ciudad cumple cada año con una entrega que estremece. Esta Madrugada de 2026 quedará grabada como una de las más multitudinarias y emotivas que se recuerdan, donde el termómetro respetó y el alma de los barrios de Santiago, San Miguel y la Albarizuela se fundió en un solo latido por las calles del centro.
El silencio se hizo dueño de la ciudad cuando, puntualmente a medianoche, la Cruz de Guía del Santo Crucifijo asomaba por el dintel de San Miguel. Es el momento en que Jerez contiene el aliento. Ver ese imponente misterio avanzar por la oscuridad de la calle Barja, solo roto por el rachear de los costaleros y el aroma a incienso, es la definición pura de la sobriedad. Poco después, desde el Convento de San Francisco y la Basílica de Santiago, las Cinco Llagas y la Buena Muerte completaban esa terna de luto y rigor que convierte el casco histórico en un templo de piedra y devoción.
Pero si el silencio define una parte de la noche, el fervor popular estalla con el Nazareno. El "Abuelo", como se le conoce cariñosamente, volvió a congregar a miles de personas en la Alameda Cristina. La salida de San Juan de Letrán sigue siendo ese imán que atrae a familias enteras, manteniendo viva una tradición que pasa de padres a hijos. Casi en paralelo, la Misión Redentora confirmaba su madurez en esta jornada, cruzando media ciudad desde Picadueñas con un andar firme que demuestra que la periferia también es el corazón de esta fiesta.
El punto álgido, como no podía ser de otra forma, lo puso la Esperanza de la Yedra. La "Reina de la Plazuela" protagonizó los momentos más vibrantes de la noche. Las saetas se sucedieron una tras otra, especialmente en su tránsito por la zona de las Angustias y el Arenal, donde el tiempo pareció detenerse. Con el amanecer, el regreso de la hermandad a su barrio fue un auténtico baño de masas; ver el palio de la Esperanza avanzar bajo los primeros rayos de sol mientras el cansancio desaparecía de los rostros de los fieles es la imagen que resume esta Madrugada. Jerez ha vuelto a cumplir con su historia, dejando claro que su Noche de Jesús es, y seguirá siendo, el eje sobre el que gira su Semana Mayor.

Jerez no duerme cuando llega su Noche de Jesús. No es solo una cuestión de fe; es un rito de paso que la ciudad cumple cada año con una entrega que estremece. Esta Madrugada de 2026 quedará grabada como una de las más multitudinarias y emotivas que se recuerdan, donde el termómetro respetó y el alma de los barrios de Santiago, San Miguel y la Albarizuela se fundió en un solo latido por las calles del centro.
El silencio se hizo dueño de la ciudad cuando, puntualmente a medianoche, la Cruz de Guía del Santo Crucifijo asomaba por el dintel de San Miguel. Es el momento en que Jerez contiene el aliento. Ver ese imponente misterio avanzar por la oscuridad de la calle Barja, solo roto por el rachear de los costaleros y el aroma a incienso, es la definición pura de la sobriedad. Poco después, desde el Convento de San Francisco y la Basílica de Santiago, las Cinco Llagas y la Buena Muerte completaban esa terna de luto y rigor que convierte el casco histórico en un templo de piedra y devoción.
Pero si el silencio define una parte de la noche, el fervor popular estalla con el Nazareno. El "Abuelo", como se le conoce cariñosamente, volvió a congregar a miles de personas en la Alameda Cristina. La salida de San Juan de Letrán sigue siendo ese imán que atrae a familias enteras, manteniendo viva una tradición que pasa de padres a hijos. Casi en paralelo, la Misión Redentora confirmaba su madurez en esta jornada, cruzando media ciudad desde Picadueñas con un andar firme que demuestra que la periferia también es el corazón de esta fiesta.
El punto álgido, como no podía ser de otra forma, lo puso la Esperanza de la Yedra. La "Reina de la Plazuela" protagonizó los momentos más vibrantes de la noche. Las saetas se sucedieron una tras otra, especialmente en su tránsito por la zona de las Angustias y el Arenal, donde el tiempo pareció detenerse. Con el amanecer, el regreso de la hermandad a su barrio fue un auténtico baño de masas; ver el palio de la Esperanza avanzar bajo los primeros rayos de sol mientras el cansancio desaparecía de los rostros de los fieles es la imagen que resume esta Madrugada. Jerez ha vuelto a cumplir con su historia, dejando claro que su Noche de Jesús es, y seguirá siendo, el eje sobre el que gira su Semana Mayor.



















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