Semana Santa
Del luto de la mantilla al silencio de San Miguel: Jerez vive un Jueves Santo de plenitud
La ciudad recupera la calma tras el sobresalto del Miércoles y se entrega a la solemnidad de sus cofradías más señeras bajo un ambiente de absoluta gala
Jerez ha amanecido hoy con ese aroma especial que solo tiene el Jueves Santo, una jornada donde el bullicio de los barrios deja paso a la elegancia de la mantilla y al sonido de los pasos de negro. Tras una noche de Miércoles Santo marcada por la incertidumbre del desalojo en el Arenal —que afortunadamente quedó en una amarga anécdota—, el centro de la ciudad ha recuperado su pulso habitual, llenándose de público desde temprano para visitar los templos antes de que la primera Cruz de Guía asomara por la puerta.
La jornada ha tenido nombres propios que definen la esencia de nuestra Semana Mayor. Desde la Plaza de la Plata, la Redención ha vuelto a ser el contrapunto de barrio y alegría, cruzando media ciudad para demostrar que su crecimiento es imparable. Por contra, el clasicismo más puro ha llegado de la mano de la Vera-Cruz; ver el paso del Señor por la calle San Juan es, sencillamente, realizar un viaje en el tiempo. La sobriedad de los cofrades de San Juan de los Caballeros sigue siendo ese refugio de silencio que tanto se agradece en medio del fragor de la fiesta.
En el eje de Santo Domingo, la Oración en el Huerto ha vuelto a dar una lección de señorío. El imponente misterio y la elegancia del palio de la Convalecencia son, por derecho propio, una de las grandes postales del día. Mientras tanto, la Lanzada y Humildad y Paciencia han aportado ese pellizco de devoción que se siente en las distancias cortas, especialmente en sus revirás más íntimas antes de encarar una Carrera Oficial que este año, gracias al nuevo protocolo del CECOP, está funcionando con una fluidez envidiable en los pasos de peatones.
Y es que, aunque el Jueves Santo brilla con luz propia, Jerez ya mira de reojo al reloj esperando la medianoche. El ambiente en los alrededores de San Miguel es de máxima expectación ante la inminente salida del Santo Crucifijo, el encargado de romper el silencio y dar paso a una Madrugada que promete ser histórica. Por ahora, el Jueves se despide con los deberes hechos y una ciudad entregada a su patrimonio más sagrado.

Jerez ha amanecido hoy con ese aroma especial que solo tiene el Jueves Santo, una jornada donde el bullicio de los barrios deja paso a la elegancia de la mantilla y al sonido de los pasos de negro. Tras una noche de Miércoles Santo marcada por la incertidumbre del desalojo en el Arenal —que afortunadamente quedó en una amarga anécdota—, el centro de la ciudad ha recuperado su pulso habitual, llenándose de público desde temprano para visitar los templos antes de que la primera Cruz de Guía asomara por la puerta.
La jornada ha tenido nombres propios que definen la esencia de nuestra Semana Mayor. Desde la Plaza de la Plata, la Redención ha vuelto a ser el contrapunto de barrio y alegría, cruzando media ciudad para demostrar que su crecimiento es imparable. Por contra, el clasicismo más puro ha llegado de la mano de la Vera-Cruz; ver el paso del Señor por la calle San Juan es, sencillamente, realizar un viaje en el tiempo. La sobriedad de los cofrades de San Juan de los Caballeros sigue siendo ese refugio de silencio que tanto se agradece en medio del fragor de la fiesta.
En el eje de Santo Domingo, la Oración en el Huerto ha vuelto a dar una lección de señorío. El imponente misterio y la elegancia del palio de la Convalecencia son, por derecho propio, una de las grandes postales del día. Mientras tanto, la Lanzada y Humildad y Paciencia han aportado ese pellizco de devoción que se siente en las distancias cortas, especialmente en sus revirás más íntimas antes de encarar una Carrera Oficial que este año, gracias al nuevo protocolo del CECOP, está funcionando con una fluidez envidiable en los pasos de peatones.
Y es que, aunque el Jueves Santo brilla con luz propia, Jerez ya mira de reojo al reloj esperando la medianoche. El ambiente en los alrededores de San Miguel es de máxima expectación ante la inminente salida del Santo Crucifijo, el encargado de romper el silencio y dar paso a una Madrugada que promete ser histórica. Por ahora, el Jueves se despide con los deberes hechos y una ciudad entregada a su patrimonio más sagrado.



















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