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Domingo, 01 de Noviembre de 2026

Redacción
Domingo, 01 de Noviembre de 2026
TRIBUNA LIBRE

Otra tragedia ferroviaria

Manolo Serrano

En el compromiso que adquirí con este medio y conmigo mismo estaba el de colaborar con comentarios, bajo el título “Desde La Porvera”, sobre aquellos asuntos que considerase oportunos. Algo que agradezco profundamente, pues me permite expresarme con total libertad, tanto en la elección de los temas como en la frecuencia de estas colaboraciones. 

 

Quiero explicar, para quienes no me conocen, el motivo del este título en la cabecera. No es otro que el hecho de que una buena parte de mi vida ha estado estrechamente ligada a esta emblemática calle jerezana y al entorno del Colegio La Salle San José, tanto por el espíritu lasaliano, el que me educó y me formó, así como por mi vida cofrade dentro de mi hermandad, que radica en este centro. 

 

Para el comentario de hoy tenía prevista una temática muy distinta. Sin embargo, los acontecimientos obligan a dirigir la mirada hacia otra cuestión. Me refiero al grave accidente ocurrido el miércoles 28 de octubre entre dos trenes de alta velocidad en las cercanías de la localidad toledana de Urda, una nueva tragedia que vuelve a golpear al sistema ferroviario español. 

 

Antes que nada, deseo tener un recuerdo emocionado y sentido para las personas fallecidas en este terrible accidente. A sus familias quiero trasladarles nuestras más sinceras condolencias, nuestro apoyo y nuestras oraciones. Del mismo modo, quiero expresar mi cercanía a los numerosos heridos y a sus seres queridos, deseándoles una pronta recuperación y la fortaleza necesaria para afrontar momentos tan difíciles. Que Cristo y María les concedan consuelo y esperanza ante una tragedia de semejante magnitud. 

 

Ante esta desgracia, acude inevitablemente a mi memoria lo sucedido en Adamuz, en la provincia de Córdoba. Apenas han transcurrido nueve meses desde aquella tragedia que conmocionó a toda España y, de nuevo, el corredor de alta velocidad entre Madrid y Andalucía vuelve a ser escenario de un accidente de enorme gravedad, otra vez el mismo escenario para un desastre parecido, por no decir igual. 

 

Hablamos de una de las infraestructuras más importantes de nuestro país, la misma que simbolizó la llegada de la alta velocidad ferroviaria el 21 de abril de 1992. Sin embargo, hoy vuelve a estar bajo el foco por motivos que nadie hubiera deseado. 

 

Mientras Adamuz sigue sin respuestas y continúa la búsqueda de víctimas y de las causas de lo ocurrido en Urda (Toledo), nuestra querida y maltratada España —bajo la gestión de un ministro de Transportes y un gobierno incapaz— afronta una nueva tragedia ferroviaria. La ciudadanía demanda explicaciones, transparencia y soluciones que garanticen que hechos como estos no vuelvan a repetirse. 

 

Explicaciones claras y motivadas que no dan a nadie; y en lugar de ello, se trata de buscar a un culpable cuando el responsable es él, sin ninguna duda. Lo es porque no está preparado para solucionar los problemas de su ministerio, y menos aún uno gravísimo como este en la provincia de Toledo. (A este individuo, por cierto, no comprendo cómo ha podido llegar a ser ministro en un gobierno tan desastroso como el que tenemos, en una cartera tan importante para nuestro país). 

 

Muchos ciudadanos se preguntan si esta situación era evitable y si las administraciones responsables han hecho todo lo necesario para mantener y mejorar unas infraestructuras tan esenciales para la seguridad de millones de viajeros. La sensación de abandono y de falta de respuestas genera una profunda indignación en una parte muy importante de la sociedad. 

 

Desde mi punto de vista, los responsables políticos deben asumir su obligación de dar explicaciones claras, investigar lo ocurrido hasta las últimas consecuencias y adoptar las medidas necesarias para evitar que una tragedia similar vuelva a producirse. La prioridad debe ser siempre la seguridad de los ciudadanos por encima de cualquier otra consideración. 

 

Porque detrás de cada accidente no hay cifras ni estadísticas. Hay vidas truncadas, familias destrozadas y un país entero que vuelve a preguntarse por qué ocurrió y qué se hará para que nunca vuelva a repetirse. 

 

Que Dios se apiade de las almas de los fallecidos y los recoja en su reino y a sus familiares y a los enfermos les de la entereza y fuerza suficiente para poder soportar tan dura prueba, y se puedan recuperar lo más pronto posible, por todos ellos pido una oración.


Me uno al sentimiento de todas las familias afectadas y a esas oraciones en momentos de tanto dolor e impotencia ante una tragedia como esta, no quedan más que el consuelo, el abrazo sincero y el deseo de una pronta recuperación para todos los afectados. Que así sea. 

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