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Sábado, 03 de Octubre de 2026

Juan Antonio Sánchez Galindo
Sábado, 03 de Octubre de 2026
TRIBUNA LIBRE

La norma ya se explicó. Ahora empieza lo verdaderamente interesante

La nueva Normativa Diocesana sobre Piedad Popular y Hermandades y Cofradías ya ha dejado de ser una novedad de despacho. Desde el pasado 24 de septiembre está en vigor ad experimentum por un año. La presentación del día 22 en la Casa de la Iglesia fue el punto de partida. Ahora toca algo bastante más complicado: vivirla.

 

Llegan los cabildos de apertura, los trámites administrativos, las obligaciones económicas, las cuestiones patrimoniales, llegarán los primeros procesos electorales y, como suele ocurrir, esas situaciones que sobre el papel parecen sencillas y que, cuando llegan a una hermandad, dejan de serlo.

 

Ahora las hermandades dejan de ser simples receptoras de la norma y pasan a tener un papel fundamental en este periodo ad experimentum.

 

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La Diócesis ha resumido el espíritu del nuevo texto en tres palabras: unificación, simplificación y clarificación. Tres palabras que habrá que bajar del papel a la vida diaria de las hermandades.

 

UNIFICACIÓN

 

La idea de unificar parece evidente. Que existan unos criterios comunes y que situaciones semejantes no tengan respuestas diferentes dependiendo de quién las interprete. Pero hay una diferencia entre unificar y uniformar.

 

Las hermandades tienen una historia, una personalidad, un patrimonio y unas circunstancias propias. No todas tienen el mismo tamaño, ni los mismos problemas, ni la misma forma de afrontar determinadas cuestiones. Por eso, la cuestión será comprobar si ese marco común sirve para ordenar sin convertir la diversidad en una molestia que haya que encajar a la fuerza.

 

Porque una cosa es poner orden y otra hacer que todo parezca lo mismo.

 

SIMPLIFICACIÓN

 

Si algo pretende una norma que se presenta como más sencilla es que las cosas sean, efectivamente, más sencillas. Menos pasos, menos duplicidades y procedimientos que una junta de gobierno pueda entender y aplicar sin tener que descifrar cada trámite. Pero reducir el número de gestiones no siempre significa simplificar.

 

La prueba será mucho más sencilla cuando llegue un asunto concreto, ¿sabrá la hermandad qué tiene que hacer, cómo y ante quién? Si la respuesta es sí, buen trabajo .

 

Pero si para averiguarlo hace falta preguntar tres veces, consultar a un experto cofrade abogado y esperar a que alguien interprete el artículo, quizá haya que volvérselo a mirar aquello de la simplificación.

 

CLARIFICACIÓN

 

Está es la que probablemente sea la que más juego dé durante este año.

 

Porque una norma parece muy clara cuando se explica en una presentación. La verdadera prueba llega después, cuando hay que aplicar lo que se  había previsto, o no, o depende de qué o de a quién o cómo. Un problema patrimonial. Un proceso electoral. Una decisión adoptada por un cabildo. Un cargo que ya estaba aprobado antes del 24 de septiembre. Una duda sobre las competencias de una junta de gobierno… Ahí es donde habrá que ver si el texto ofrece una respuesta clara o abre otra pregunta.

 

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Y eso nos lleva directamente al ad experimentum. Experimentar es aplicar, pero también observar qué ocurre cuando se aplica. Detectar lo que funciona y aquello que necesita algún retoque. Por eso mismo se nos ha dicho que a las dudas, consultas, situaciones nuevas, en estos doce meses, habrá  alguna interpretación que no estaba prevista cuando se redactó el texto.

 

Y aquí aparece una pregunta clave ¿Qué espacio tendrán esas contra propuestas que pueden resultar cuando menos incómodas según para quién o qué? No hablamos de preguntar dónde se presenta un documento o de que nos expliquen mejor un trámite. Hablamos de algo bastante más serio.

 

¿Qué ocurre si una hermandad considera que un precepto debería modificarse? ¿Y si una junta de gobierno encuentra un problema práctico? ¿Y si un jurista o un especialista en Derecho Canónico advierte una posible contradicción?

 

Las hermandades van a ser quienes pongan a prueba el texto. Van a catar esta nueva normativa durante un año para comprobar cómo sabe cuando se sirve en la mesa de la vida cofrade. Y, si hace falta, ponerle una pizca de sal. Eso sí, previa aprobación del chef.

 

No se trata de que haya que aceptar todas las propuestas. Eso sería absurdo. Se trata de que durante este año las hermandades puedan conocer, aplicar, preguntar, detectar problemas y proponer aquello que consideren necesario. Y será precisamente en esos casos donde veremos si el nuevo texto ofrece soluciones o necesita nuevas explicaciones.

 

Y aquí conviene recordar algo importante. Terminado el periodo ad experimentum, la normativa entrará en vigor definitivamente «con las modificaciones o añadidos que estime oportuno el Obispo diocesano».

 

[Img #6175]

 

Ahí está una de las claves. Porque eso de recibir sugerencias siempre queda muy bien. Lo verdaderamente interesante será qué se hace con ellas.

 

Mientras tanto, el ad experimentum ya está en marcha.

 

Y ahora las hermandades tienen que hacer su parte: conocer la norma, aplicarla con responsabilidad y , como no, plantear aquello que consideren mejorable.

 

La Diócesis tendrá que hacer la suya: escuchar, estudiar y valorar esas aportaciones.

 

Porque una norma puede redactarse desde arriba. Pero su verdadera medida se descubre cuando baja al cabildo, a la junta de gobierno, al día a día. A la cuenta que no cuadra. Al problema que nadie había previsto o el que se veía venir. Ahí se verá si la unificación ordena sin uniformar, si la simplificación simplifica de verdad y si la clarificación aclara cuando llegan los problemas.

 

Y mientras tanto, la vida cofrade sigue dando titulares.

 

También la SGAE ha puesto sobre la mesa su particular visión sobre la salud económica de nuestras hermandades, con ese 7 % del coste de las bandas que interpretan marchas detrás de nuestros pasos.

 

De un tiempo a esta parte, empieza a haber mucha gente queriendo subirse al carro —o al barco— de las cofradías, pero en lo de las aportaciones. Y no todos parecen recordar que aquí, además de música, incienso y procesiones, hay hermandades que sostienen durante todo el año una realidad mucho más grande.

 

De eso hablaremos otro día.

 

Por ahora, la norma ya está en vigor. Y el año ad experimentum, también. 

 

Ahora toca ver cómo camina.

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