Tal día como hoy
La llegada de la luz eléctrica: el avance que transformó la vida nocturna de la ciudad en 1903
Un 17 de junio, el Ayuntamiento aprobó los pliegos para sustituir el viejo alumbrado de gas por tecnología eléctrica en las principales arterias y plazas del centro histórico
La historia de la modernización urbana de la ciudad tiene una fecha clave grabada en sus archivos municipales. Fue un 17 de junio de 1903 cuando la corporación local dio un paso definitivo hacia el siglo XX, aprobando la licitación para electrificar el alumbrado público, un proyecto que marcaría un antes y un después en la fisonomía y el dinamismo de la urbe.
El fin de la era del gas
Hasta aquel momento, la iluminación de calles tan emblemáticas como Larga o la emblemática Plaza del Arenal dependía de los tradicionales faroles de gas, cuya luz tenue y mantenimiento constante limitaban las posibilidades de una ciudad que, por aquel entonces, se consolidaba como una potencia exportadora de vinos de prestigio internacional. La necesidad de equipararse a las grandes capitales europeas llevó al gobierno local a apostar por la nueva tecnología eléctrica, que comenzaba a extenderse por las infraestructuras de Andalucía.
Una apuesta por la seguridad y el comercio
La transición hacia la luz eléctrica no fue meramente estética. Los acuerdos alcanzados en la sesión plenaria de hace 123 años buscaban, fundamentalmente, dinamizar la vida nocturna, fomentar el comercio local y mejorar la seguridad ciudadana. La transición permitió que el centro de la ciudad dejara de sumirse en la penumbra al caer la tarde, facilitando el tránsito de carruajes y viandantes en un periodo en el que la vida social jerezana comenzaba a concentrarse en los cafés y tertulias del corazón urbano.
Aquel hito administrativo, conservado hoy en los documentos de la época, recuerda cómo el Ayuntamiento de Jerez tuvo que negociar arduamente con las incipientes compañías eléctricas de principios de siglo para garantizar que el progreso llegara a cada esquina, superando las dificultades técnicas de una red que, paso a paso, fue iluminando el camino de la ciudad hacia la modernidad.

La historia de la modernización urbana de la ciudad tiene una fecha clave grabada en sus archivos municipales. Fue un 17 de junio de 1903 cuando la corporación local dio un paso definitivo hacia el siglo XX, aprobando la licitación para electrificar el alumbrado público, un proyecto que marcaría un antes y un después en la fisonomía y el dinamismo de la urbe.
El fin de la era del gas
Hasta aquel momento, la iluminación de calles tan emblemáticas como Larga o la emblemática Plaza del Arenal dependía de los tradicionales faroles de gas, cuya luz tenue y mantenimiento constante limitaban las posibilidades de una ciudad que, por aquel entonces, se consolidaba como una potencia exportadora de vinos de prestigio internacional. La necesidad de equipararse a las grandes capitales europeas llevó al gobierno local a apostar por la nueva tecnología eléctrica, que comenzaba a extenderse por las infraestructuras de Andalucía.
Una apuesta por la seguridad y el comercio
La transición hacia la luz eléctrica no fue meramente estética. Los acuerdos alcanzados en la sesión plenaria de hace 123 años buscaban, fundamentalmente, dinamizar la vida nocturna, fomentar el comercio local y mejorar la seguridad ciudadana. La transición permitió que el centro de la ciudad dejara de sumirse en la penumbra al caer la tarde, facilitando el tránsito de carruajes y viandantes en un periodo en el que la vida social jerezana comenzaba a concentrarse en los cafés y tertulias del corazón urbano.
Aquel hito administrativo, conservado hoy en los documentos de la época, recuerda cómo el Ayuntamiento de Jerez tuvo que negociar arduamente con las incipientes compañías eléctricas de principios de siglo para garantizar que el progreso llegara a cada esquina, superando las dificultades técnicas de una red que, paso a paso, fue iluminando el camino de la ciudad hacia la modernidad.





















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