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Jueves, 11 de Junio de 2026

Redacción
Jueves, 11 de Junio de 2026
Obituario

La guitarra jerezana pierde a su poeta: fallece el maestro Miguel Salado a los 44 años

Referente indiscutible del toque de acompañamiento y alma generosa, el músico dice adiós dejando una huella imborrable en el flamenco tras una valiente lucha contra el cáncer

Hay mañanas en las que Jerez amanece diferente, y la de este jueves es, sin duda, una de ellas. El mundo del flamenco ha despertado con la noticia del fallecimiento de Miguel Salado a los 44 años de edad. Con su marcha, la guitarra jerezana pierde a uno de sus artesanos más lúcidos, a un músico que entendió el toque no solo como una técnica, sino como un ejercicio constante de entrega al cante y al compañero.

 

Miguel no solo fue un virtuoso de las seis cuerdas; fue un testigo privilegiado y protagonista activo de la época dorada de muchos de nuestros artistas. Su guitarra fue el refugio sonoro de nombres como José Mercé, Manuel Moneo o la inolvidable Aurora Vargas. Poseedor de una capacidad innata para escuchar, Salado sabía cuándo dejarse ver y cuándo esconderse tras la voz del cantaor, una virtud que hoy, en un mundo a menudo dado al exceso, lo elevaba a la categoría de maestro.

 

Pero más allá de los escenarios, quienes lo conocieron recuerdan su figura por la entereza con la que afrontó su enfermedad durante los últimos años. Lejos de esconderse, el guitarrista convirtió su proceso en una lección de vida, manteniendo siempre una sonrisa y una actitud que daban fuerzas a quienes le rodeaban. Incluso en los tiempos más difíciles, Miguel nunca dejó de crear; su proyecto de disco en solitario, con Bahía de Cai como bandera, era la prueba de que su creatividad seguía intacta, alimentada por ese amor profundo a su tierra y a su oficio.

 

El flamenco, ese arte que se nutre de la emoción, hoy se siente un poco más huérfano. Jerez despide a un artista que supo hacerse querer tanto por la calidad de sus falsetas como por la calidez de su trato. La guitarra de Miguel Salado se guarda en su funda, pero su eco seguirá sonando en cada rincón de los tablaos y peñas donde el duende, ese que él dominaba con tanta naturalidad, decida aparecer.

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